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domingo, 17 de septiembre de 2023

LA NARIZ HUMANA ES DEMASIADO FRÍA PARA LA GRIPE AVIAR

        Los virus de la gripe aviar no proliferan en nosotros porque la temperatura dentro de la nariz humana es demasiado baja, según una nueva investigación. Los autores de la misma, del Imperial College de Londres y de la Universidad de Carolina del Norte, creen que ésta podría ser una de las razones por la que los virus de la gripe aviar no causan pandemias en humanos con facilidad. Hay 16 subtipos de gripe aviar y algunos pueden mutar hacia formas capaces de infectar al Hombre, al cambiar ciertas proteínas de su superficie por proteínas de virus de la gripe humana. El nuevo estudio muestra que los virus normales de la gripe aviar no se propagan extensamente en células con una temperatura de 32 grados Celsius, la de la nariz humana. Los investigadores creen que esto puede deberse a que los virus por regla general infectan los intestinos de las aves, más cálidos, a 40 grados Celsius. Esto significa que los virus de la gripe aviar que no han mutado tienen menos probabilidades de infectar a las personas porque el primer lugar de infección en los humanos es generalmente la nariz. Si un virus normal de gripe aviar accede a una nariz humana, difícilmente podrá reproducirse y propagarse entre las células, así que tendrá menos probabilidades de dañar a éstas y de causar enfermedades respiratorias. "Sería imposible desarrollar vacunas contra los 16 subtipos de gripe aviar, por lo que debemos priorizar. Al estudiar una gama de virus diferentes en sistemas como éste, podemos buscar advertencias de que ya estén comenzando a experimentar los cambios genéticos de las clases que conllevan un aumento en las probabilidades de que puedan saltar a los humanos; los virus animales que se propaguen bien a bajas temperaturas en estos cultivos podrían tener más probabilidades de causar la próxima pandemia que aquellos que tienen limitaciones", explica la profesora Wendy Barclay, coautora del estudio, del Imperial College de Londres.  

miércoles, 30 de agosto de 2023

CONEJO AL AJILLO CON SALSA DE VINO BLANCCO

TIEMPO: Menos de 5 minutos.

TEMPORADA: primavera, verano, otoño, invierno. 250 Calorías.

Ingredientes: (Para 4 personas).

1º) 800 gramos de conejo.

2º) 3 dientes de ajo.

3º) 200 mililitros de vino blanco.

4º) 100 mililitros de agua.

5º) Una pastilla de caldo.

6º) 80 mililitros de aceite de oliva.

7º) 10 gramos de harina.

8º) 50 gramos de judías verdes cocidas.

9º) Una zanahoria.

10º) Una pizca de sal.

11º) Perejil.

¿Cómo se Elabora?

Troceamos el conejo cortando sus extremidades y el costillar en dos.

Limpiamos de vísceras, salamos ligeramente y pasamos por harina los trozos.

Freímos el conejo en una cazuela con aceite caliente hasta que se dore.

Una vez dorado, en la misma cazuela, doramos los ajos machacados, añadimos los trozos de conejo dorados y vertemos el vino blanco y el agua (con una pastilla de caldo de carne).

Dejamos cocinar por espacio de 1 hora a fuego lento y en el último momento espolvoreamos con un poco de perejil picado.

Una vez cocinado el conejo, servimos los trozos acompañados de la salsa y de una guarnición de judías verdes y zanahorias cocidas y ligeramente salteadas en una sartén con un poco de aceite de oliva.


Y a la mesa, a disfrutar de tal exquisito manjar, con todo el amor del mundo.

lunes, 28 de agosto de 2023

EL CEREBRO HUMANO SE DESARROLLÓ GRACIAS A LA COMPETITIVIDAD SOCIAL

             La presión demográfica fue la causa principal de su crecimiento, por encima de otras variables como el cambio climático.

En los últimos dos millones de años, el cerebro humano se ha triplicado, un fenómeno que no se ha dado en ninguna otra especie del planeta. Este desarrollo fue debido, según un estudio reciente, a la presión demográfica que obligó a la lucha por los recursos, y también a la formación de grupos sociales cooperativos. La presente investigación, realizada por científicos de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, supone la primera comprobación empírica y rigurosa de la hipótesis del predominio de la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro, por encima de otras causas, como el cambio climático.

En los últimos dos millones de años, el tamaño del cerebro humano se ha triplicado, creciendo mucho más rápido que el de otros mamíferos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Missouri (MU), en Estados Unidos, ha investigado la razón de este aumento desmesurado, en comparación con el de otras especies, descubriendo que existe una causa principal para que se haya producido: la presión demográfica.

Análisis multivariante.

Según se explica en un comunicado emitido por dicha universidad, hubo otros factores que también ayudaron al desarrollo del cerebro, pero lo hicieron en menor medida.

En la revista Human Nature, los investigadores han publicado un artículo titulado "Hominid Brain Evolution" ("Evolucion del cerebro homínido), en el que se explica que esos otros factores influyentes fueron las condiciones climáticas y las demandas ambientales.

Mediante un análisis multivariante -herramienta estadística que estudia el comportamiento de tres o más variables al mismo tiempo- los científicos evaluaron simultáneamente variables que representaban a cada una de estas potenciales presiones evolutivas.

Este análisis se realizó sobre datos obtenidos en estudios anteriores: la latitud donde fueron localizados los cráneos, la presencia en éstos de parásitos, las variaciones en las temperaturas anuales registradas, etc.

La densidad de población, explican los científicos, fue medida por la estrecha relación existente entre los patrones de densidad y de migración que han quedado registrados en los fósiles, y que permitieron calcular el número de individuos que vivieron en determinadas áreas en la historia homínido ancestral.

Competir por las ventajas.

Para el estudio, fueron recopilados además los datos de 153 cráneos homínidos de entre dos millones de años y 10.000 años de antigüedad.

Los resultados demostraron que, aunque fueron varios los factores que afectaron a la evolución del cerebro homínido, la competitividad social fue la principal causa de esta evolución.

Según declara David Geary, director de la investigación y profesor de ciencias psicosociales en la MU, estos resultados sugieren que el tamaño de nuestro cerebro se incrementó en la mayoría de las áreas con mayor cantidad de población, en las que casi con toda certeza aumentó la intensidad de la competitividad social.

Geary afirma que "cuando los humanos tienen que competir para cubrir sus necesidades y por su estatus social, que proporciona un mayor acceso a los recursos existentes, un cerebro más grande supone una ventaja".

Los investigadores también descubrieron ciertas pautas que, aunque no tan importantes como la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro, otorgan credibilidad a la hipótesis de que el cambio climático influyó en el tamaño del cerebro humano actual.

Esta hipótesis apunta a que el cambio climático global y las migraciones desde el ecuador dieron lugar al desarrollo de la capacidad humana de afrontar los cambios en el clima.

Disminución de recursos.

Sin embargo, los científicos aseguran que la importancia de adaptarse a estos cambios fue mucho menor que la de relacionarse con otra gente en este sentido.

Según explica otro de los autores de la investigación, Drew Bailey, el cerebro es costoso desde el punto de vista metabólico, lo que significa que requiere mucho tiempo y energía desarrollarlo y mantenerlo.

Por esta razón, es muy importante comprender por qué nuestros cerebros continuaron evolucionando más rápido que los de otros animales. La presente investigación sugiere que la competitividad, ya fuera saludable o no, generó el escenario necesario para la evolución del cerebro humano.

Este escenario se generó debido a que la expansión de la población dio lugar a una rápida disminución de los recursos ecológicos per cápita, con la consecuente e inevitable lucha por mantener y asegurar dichos recursos frente a los otros o con ellos.

El cerebro debió entonces adaptarse y generar capacidades sociales y cognitivas nuevas, que permitieran a los individuos actuar en grandes grupos cooperativos que, a su vez, compitieran contra otros grupos por el control ambiental y el control de las dinámicas sociales que surgiesen, escriben los científicos en Human Nature.

Cerebro y cultura.

Evidentemente, aclaran los investigadores, los factores climáticos, sociales y ecológicos no se excluyen los unos a los otros en el desarrollo del cerebro humano. Pero no todos ellos fueron igual de influyentes.

Los científicos creen que ésta es la primera vez que se comprueba de manera empírica y rigurosa la hipótesis del predominio de la causa de la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro hasta su tamaño actual.

Estos resultados recuerdan a los de otra investigación realizada recientemente por la University College London, que combinando simulaciones informáticas y estudios genéticos, estableció que la razón de la aparición de la conducta humana moderna fue la densidad de población.

Características como la capacidad de crear objetos artísticos o tecnología avanzada, que nos hacen una especie única en el planeta, podrían tener su origen no la inteligencia o en el elevado desarrollo de nuestro cerebro, sino en las interacciones humanas intensas, que propiciaron el intercambio de ideas y de habilidades, y el mantenimiento de las innovaciones, afirmaba este estudio del que hablamos en Tendencias.